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24 de Diciembre
Un fic de
navidad
La
noche del veinticuatro de diciembre de 1999 ella y Spike iban a
casarse en el cementerio Severn. Todas las malditas noches de Navidad
se han arruinado para ella desde entonces por esa estupidez. Y
realmente no comprende por qué.
Aunque sí que la culpa la tiene Spike.
Buffy bebe un sorbo de champán intentando sonreír a una
Dawn que también intenta parecer más alegre de lo que
está, en la casa demasiado grande para ellas dos solas, en otra
navidad sin mamá, con su padre a saber dónde, una navidad
con Giles en Inglaterra, con Willow celebrando esa pesadez de la Hanuka
que la pone de tan mal humor y con Tara en donde viva su extraña
familia de película de la matanza de Texas.
Tanto silencio pese a la televisión puesta en el canal de villancicos navideños.
Buffy se muerde la lengua para no decirse que es que es una noche sin Spike.
La comida no está mal, habida cuenta de que la han hecho entre
dos que no tienen mucha idea de cocinar, y a toda prisa entre la salida
de su trabajo y de la biblioteca donde Dawn tenía guardia esa
tarde. El asado podría ser de cualquier cosa, pero se lo comen y
dicen que está rico. Las manzanas están buenas.
Lo de la boda fue sólo un maldito hechizo, que no
significó nada. No tendría que significar nada. Spike
tampoco.
En los postres suena el teléfono y es Xander, que les felicita
la noche buena. Al fondo ya se escuchan los gritos de borrachos de su
familia, y Buffy se dice que al fin y al cabo, ellas están
mejor. Por lo menos ahí nadie va a romper nada, salvo que entre
algún demonio navideño buscando pelea.
Mientras hablan Buffy cree ver a Spike pasando ante la ventana y el
corazón le da un vuelco, pero sólo es un reflejo.
Luego toman champán y escuchan los villancicos y Dawn habla de
sus cosas de críos de instituto. Una de sus amigas está
en Europa, esquiando en algún sitio de moda, y les manda
instantáneas por e-mail de chicos guapos italianos.
Buffy piensa de nuevo en la estúpida invitación para la
boda más improbable del mundo. En ese maldito hechizo que no
significó nada.
En Spike que tampoco. En que todos modos ella no lo necesita.
Y se encuentra preguntándose con tristeza qué
estará haciendo, si celebrará esa noche de algún
modo. Imagina que no, porque es un vampiro. Y aunque no lo fuera, es un
punkarras descreído y un rebelde, y se reiría de ella si
supiera que está pensando en eso, seguramente.
Pero Buffy lo piensa.
Y de todos modos qué sabe de él en realidad, sabe tan poco.
No es que le interese. Pero... Dios mío, ni siquiera sabe cómo era.
Buffy de repente siente que se ahoga en la casa vacía, y tiene
que salir al porche, a tomar aliento. A las escaleras blancas,
desgastadas, donde se queda abrazada a sí misma, mirando la
noche. En silencio.
Lo imagina solo en la cripta tan fría y por un momento
está a punto de coger un trozo del horrendo pastel de navidad,
una velita con estúpidos acebos dorados e ir a verlo.
A ese vampiro que no necesita y que desde luego que no quiere.
Pero Dawn la está llamando para que entre a abrir los regalos, y finalmente entra en la casa y no lo hace.
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