Sorpresa



Angel lleva dándoles largas más de dos meses, y piensa seguir haciéndolo hasta el día del juicio final. Son un hatajo de cabrones, y van dados si piensan que va a ceder ni un ápice en sus pretensiones. Un asunto tan importante que él en persona es el que lleva el caso y únicamente su firma es la que vale para el cliente. Un cliente encumbrado, de los grandes. De los que hacen esperar a los senadores leyendo revistas de arqueología y escuchando música en la salita de entrada, junto a sonrientes y modernas secretarias. Un cliente realmente importante, y que paga en consecuencia. Angel lo detesta, y le gustaría romperle la cara. La de verdad, la de demonio, y después la otra, pero eso es lo de manos. Paga, y su causa no es mala del todo. Los otros son mucho peores.

La cosa además es tan compleja y enrevesada llegados a este punto que Angel ha tenido que solicitar la asistencia de Wesley Whydam Price para la reunión. El ex-vigilante ha acudido, por supuesto, dándose un respiro de sus labores en la boca del infierno de Cleveland que anda vigilando con Faith. Posiblemente también de la misma Faith se dice Angel, malévolamente. Bueno, de eso se trata, de hacerles esperar, de volverlos locos, de liar tanto el asunto que tengan que esperar otros seis meses por esa jodida firma, que tengan que acabar suplicando por ella. Dándole a su cliente todo lo que pide, posiblemente, y si tiene suerte aún más.

Enfilan el pasillo enmoquetado hacia el gran despacho de Angel, a paso casi militar. Dieciséis personas, entre abogados y asistentes de las dos partes, todos serios, todos en silencio. la reunión va a ser dura esta vez, no se harán concesiones. Angel desde luego no va a ceder. No ha cedido nunca ni bajo torturas infernales, un puñado de chupatintas no le van a asustar a estas alturas. Jodidos maricas encorsetados, no saben con quién están tratando, él se comía tipos como ellos para desayunar. Después de tirarse a sus mujeres.

Convenientemente mentalizado para la batalla legal, Angel se detiene bruscamente ante la puerta del despacho, muy serio, y espera a que su asistente se la abra. Luego entra, a paso firme, decidido. Un señor en su castillo. Hacia su impresionante mesa de escritorio.

Entonces se da cuenta de que su sillón está ocupado, y girado de espaldas a la puerta. Por el lateral puede ver el antebrazo, la muñeca y la mano de uñas mal pintadas de negro de Spike sobresaliendo.
Angel se detiene, sorprendido. Entonces el sillón se gira bruscamente y Angel se encuentra mirando el cuerpo gloriosamente desnudo y la impecable, tremenda, impresionante erección de Spike. La jodida torre de Pisa. Pero sin torcer.
 

-!AHHHH!
-¡Dios mío!
-Good save the Queen!- gimen los abogados tras de Angel, que intenta NO escuchar el click de la foto de un teléfono móvil.

-¡Joder!-Spike abre mucho los ojos, se cubre mas o menos con un dossier, que hace una especie de tienda de campaña.


Angel se queda totalmente inmóvil, flanqueado por las legiones de aterrados abogados también inmóviles. Spike se levanta, ojos enormes, agarra sus ropas, el abrigo en una brazada, echa a andar todo lo dignamente que puede hacia el loft oculto en el panel lateral. El duster de cuero es muy largo y le cubre casi hasta los pies, pero sólo por delante: al darse la vuelta todo el mundo puede ver la espalda desnuda de Spike, y sus nalgas masculinas, musculosas, perfectas, redondas y muy blancas a la luz de los fluorescentes. 

Angel traga saliva. Para acrecentar más la imagen de perversión el muy cabrón se ha dejado puestas las botas de militar. 

Spike desaparece en la habitación lateral. Cierra la puerta corredera. Silencio.


Pasan unos minutos de silencio espeso, incómodo, escuchando el zumbido del acondicionador de aire, un carraspeo, una tosecilla tímida, contenida. El sonido de un bolígrafo que cae al suelo enmoquetado y es recogido apresuradamente. Angel toma aliento.
-Creo que...firmare ahora ese culo-dice
El abogado contrario lo mira, impasible.
-Oh. Bien. Redondo-se remueve, nervioso-¿Quiere decir ahora mismo?
-Sí
-Bien
-Le tiende la pluma-Por favor, coja mi culo.

-Gracias

Angel toma la pluma que le tiende el abogado. Wesley ha sido educado en el Consejo de Vigilantes. Incluso en una situación límite como esa demuestra su templanza y con un carraspeo se adelanta un poco y detiene la mano de Angel.

-¿Estás seguro de que es el mejor culo?-pregunta

-Sí-susurra Angel, en voz muy baja-Lo firmaré. Lo que sea. Dame ese jodido culo.

-Si tu crees que...

-Terminemos con este culo de una vez.

Wesley asiente, apenas perceptiblemente. El abogado de la parte contraria se apresura a sacar los papeles, titubea un momento mientras busca donde apoyarlos, uno de sus asistentes se adelanta, ofreciendo solícitamente su carpeta de piel. 

-Por favor, apoyense en mi culo-dice

-Gracias-asiente el abogado, y tiende el legajo a Angel

-Firme aquí, justo bajo el culo-dice

Angel mira los documentos muy por encima, los firma a pie de folio, uno tras otro, apresuradamente. El hombre asiente, varias veces, con nerviosismo.
-Bien. excelente -susurra

-¿Algún otro culo?-pregunta Angel
-No, están todos-El abogado asiente, enfáticamente
-Nuestros culos quedarán muy satisfechos
-Puede apostar por ello

-Quiero decir nuestros....
-Le he entendido
-Bien
-Si
-Pues adiós

-Y que todos sus empleados dejen los móviles en seguridad antes de irse-gruñe Angel, el abogado abre la boca para protestar pero parece pensarlo mejor, y no dice nada.

Salen a toda prisa del despacho, apelotonándose en la entrada. 


Angel, ya a solas, se queda un momento apoyado contra la puerta cerrada, alza los ojos al cielo y lanza un juramento en gaélico. 

-Voy a matar a ese jodido inglés-gruñe

Luego echa a andar hacia el dormitorio oculto tras los paneles, a toda prisa.