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Electricidad
En el capítulo The I in team
Entonces Willow pronuncia el conjuro y el aire se carga de electricidad
estática, por unos momentos, y Giles se encuentra mirando el
pelo encrespado de la joven bruja, el de Anya, el de Xander...el de
Spike. Se queda un momento parado, mientras los recuerdos le asaltan
vertiginosamente, desde un pasado que creía totalmente olvidado.
Sepultado. Spike con el pelo de punta, agresivamente platino, ese pelo
que años después puso de moda Billy Idol. Lo mira, la
cara ladeada, contra la mesa, profundamente dormido. El pómulo
anguloso, la curva de la quijada. El pelo encrespado, rabiosamente
punk. Quizás sea por la canción que Spike ha nombrado
hace un momento, pero lo recuerda.
Lo
vio en ese concierto de los Clash. Ahora lo sabe, con certeza, mientras
se acerca de nuevo e intenta llegar con las pinzas al fondo de la
herida, hasta la bala de la Iniciativa. intentando ser cuidadoso porque
está muy profunda. Puede oler el aroma del coñac que
Spike se ha bebido, cuando se inclina sobre su espalda para ver mejor.
También el de su piel. Lo recuerda fugazmente, como un ramalazo
brillante, incandescente en la memoria. Entre la oscuridad y las
sombras, a ráfagas bajo las luces de los focos del concierto. El
pelo agresivo, erizado, casi blanco, la chupa de cuero llena de
chatarra, un piercing en la ceja. Solo, mirándolo a él,
fijamente. Quieto entre el movimiento tumultuoso de la gente. Como si
de algún modo lo buscara. O quizás solo buscaba pelea.
Una buena pelea hace la mitad de una buena noche. Eso pensaba Giles en
aquellos años. Seguro que Spike también.
-Joder-susurra, entre dientes, mientras da una puntada al profundo
corte. No pensaba en eso desde hacia veinte años...ese maldito
Spike es una mala influencia para todo el mundo. Incluso para él
en esos momentos. También puede ser la reciente visita de Ethan
Rayne que aún lo tiene algo descentrado. Y le hace
recordar...cosas. Cosas que hizo con el, que hicieron juntos.
O también puede ser por la jodida metamorfosis en demonio
feoral, claro. Se parecía sospechosamente, y demasiado, a ir
puesto de coca hasta los ojos, corriendo por el mundo poderoso y letal,
disfrutando de la destrucción y del caos.
Giles creía que había enterrado todo eso en una fosa mucho más profunda.
Recuerda haber dado un paso hacia él, recuerda haberlo mirado fijamente, con su mirada más camorrista,
esa que literalmente derretía a Ethan Rayne. Spike
también lo estaba observando, gesto apreciativo, cara ladeada, labios
entreabiertos, la lengua saliendo un poco, burlona, provocativa.
Mirándolo de arriba a abajo con esos ojos cargados de kohl, como
calibrándolo. Sí, buscaba algo. Giles entre las brumas
del alcohol, de la cocaína, acariciando como con descuido el
cinturón, donde llevaba el cuchillo oculto.
Luego la gente gritando enardecida, el inicio del concierto, los
aullidos, el escenario, la música ensordecedora, saltos,
empujones, tumultos, la policía casi nada más empezar.
Gente separándolo de la fugaz, agresiva, atrayente
visión. Un vampiro, se dijo entonces, o quizás un demonio
de forma humana, o sólo un jodido punkarras con ganas de
acción, que más daba. En esos tiempos le servía
cualquier cosa. Pero hasta tan cargado de todo como iba se dio cuenta
de que era una buena pieza, algo especial... algo con lo que
merecía la pena pelear.
Bueno, Giles estaba demasiado mareado como para siquiera moverse con
rapidez o mínima seguridad, era consciente de eso, aunque era
joven, y a esos años los reflejos acompañan normalmente
en las peleas. Los suyos al menos, más que entrenados en los
bajos fondos y luchas contra vampiros y demonios a espaldas del
Consejo. Pero no pudo seguirlo, encontrarlo de nuevo, recuperar la
oportunidad. Lo perdió de vista en el tumulto y ya no lo vio
más.
Quizás
lo que le turbó, lo que le turba todavía ahora al
recordarlo, es que no quería matarlo sino...pelear con
él. Vencerlo. Dominarlo. Tocarlo. Sentir de cerca ese algo casi eléctrico que lo atraía con tanta fuerza. Dios, quería follárselo.
-Maldita sea- susurra, en voz baja, Xander apunta de nuevo con la
linterna, Giles lo mira, de reojo- No, no pasa nada, se me ha ido el
punto.
Spike se remueve, bajo sus manos, Giles recuerda de nuevo que llevaba
los ojos pintados. Aun los lleva a veces, él lo ha notado. Dios,
tenia que ser él. Es imposible que fuera otro. Lo mira una vez
más, con disimulo, mientras cubre la herida, y se sorprende
casi gritando ¡¡no!!
cuando una Willow con cara de culpable por haber revuelto el aire con
su conjuro le pone bien el rubio pelo, con los dedos. Spike parpadea un
poco, pero sigue dormido, ajeno a los viejos demonios del Vigilante.
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