Disfraces

Un fic de halloween
 


Al final del episodio 2X06 Halloween




Spike llega a la vieja fábrica corriendo medio a trompicones, cansado. Acepta el consuelo distraído de Drusilla, unos momentos, pero enseguida se aleja de ella. No le apetecen los mimos lunáticos de su princesa oscura esa noche. Realmente no sabe lo que le apetece. Quizás estar solo.
Vaga por las salas de la factoría escasamente iluminadas, se deja caer, agotado en la silla, se queda mirando la pantalla aun encendida, sin sonido, donde una diminuta Buffy a todo color da golpes y patadas, luchando y haciendo acrobacias y termina hábilmente con los vampiros en el puesto de calabazas de Halloween. Al último lo mata con la estaca del cartel de la tienda. Una y otra vez.
Sabe por qué ha fracasado esa noche frente a la cazadora y saberlo le hiela las entrañas.
El no es un imbécil poseído por su disfraz, como esos mocosos vestidos con ropas prestadas, el sabe quién es. Es un vampiro, una criatura de las sombras, un demonio, un animal de la sangre y de la oscuridad. Nada puede pararlo. Desde luego no la visión de una muchacha atemorizada, desvalida, hermosa, de deliciosa fragancia y blanco escote sobre el corpiño, cabellos desparramados como la noche.
En todo caso eso tiene que abrirle el jodido apetito.
Que ya la tenía, probablemente la mejor ocasión de matar a Buffy que tendrá jamás en esa apestosa ciudad. Vencida, indefensa, a su merced.
Y justo cuando ya la tenía debajo, mientras el aroma denso de su miedo se mezclaba con el calido y vivo a mujer de su piel fragante y se le ha puesto tan jodidamente dura porque ella estaba tan guapa y tan viva y tan caliente y su corazón latía tan fuerte, y se había quedado mirando sus labios temblorosos, sus ojos aterrados, su cuello delicioso, invitador, se ha detenido.
Y Spike sabe por qué no le ha mordido.
Porque ha pensado, justo entonces, que ella se había vestido así para él.

Ese estúpido pensamiento lo ha sacudido por dentro tambaleándolo con un golpe que le ha cortado en aliento. Veloz, vívidamente, la ha imaginado buscando un disfraz para gustarle a él, a alguien de tiempos pasados. Buffy con rayos de sol rebuscando entre los expositores de la tienda de disfraces, sin mucha idea de lo que llevaba una dama del siglo XIX. Buffy pensando en él, arreglándose para él. Buffy subiéndose las medias, abrochándose el corpiño, ocultando esos rizos rubios de pelo de champú bajo la elaborada peluca oscura de tirabuzones, tan parecida a los cabellos de Drusilla.

Busca a tientas un cigarrillo en el bolsillo interior del abrigo. Lo enciende y da unas caladas, inhalando muy hondo. El humo le sabe áspero y amargo, como la certeza de una burla lejana dentro de su cabeza.
Qué queda dentro de él que le haga detenerse si imagina eso. No puede importarle nada. No puede importarle que una mocosa estúpida busque ponerse hermosa para él. Que quiera gustarle poniéndose las ropas que crea que a él tienen que parecerle atrayentes. Que haya... que se haya molestado en averiguar quién es. No quién es... pero sí... ¿quién era antes? Antes de...
A lo mejor ella sabe que se llama William.

Spike da otra calada al cigarrillo, sacando el humo por la nariz, despacio. Joder, no se llama William. Ya no, hace mil años que no. Se llama Spike. Y no puede quedar nada dentro de él que se detenga ante la visión de una muchacha indefensa, entregada, débil. Suplicando su piedad con la mirada. Nada. Nada. Nada en absoluto.
De qué va todo esto del Halloween, de putos disfraces. Joder.
No quiere seguir pensando en eso.

Tira el cigarrillo lejos, con un gesto brusco, airado. Se queda mirando de nuevo la pantalla del vídeo, con los labios apretados. La Buffy diminuta golpea una y otra vez a su oponente como lo ha golpeado a él hace tan sólo un rato. Tiene una maldita fuerza de cazadora, vaya que sí. Se suponía que ese hechizo de alguien nuevo que detectó Drusillala iba a hacerla débil, pero le ha tenido que dejar un par de buenos cardenales, aún no sabe muy bien cómo le ha dejado escapar tan fácilmente. Quizás todavía estaba aturdida por el conjuro. O por lo que le ha notado en los pantalones cuando lo tenía encima, se dice con una mueca irreverente, seguro que no ha sentido muchas como ésa con los pardillos que hay en esa mierda de pueblo.

Uno de sus muchachos se acerca, llevando en las manos una de esas estúpidas calabazas naranjas de plástico con los ojos iluminados.
-¿Puedes creerlo, Spike? La han dejado fuera unos mocosos. Ya no hay respeto-dice, luego encoge los hombros, sonriendo-Bueno, aún es Halloween, podríamos...
-Nosotros no salimos en Halloween-gruñe Spike, mecánicamente. El otro vampiro abre la boca para decir algo, muy probablemente que él sin duda ha salido, de hecho que acaba de llegar. Justo en ese momento Spike cae en la cuenta de que ese marica de Angel estaba ahí, con Buffy y los demás, y que sin duda la estúpida barbie-cazadora-californiana había elegido el vestido de dama antigua para gustarle a él.
-Bloody hell!-ruge, alzando la cara hacia el cielo, luego deja caer la cabeza contra el respaldo alto de la silla y cierra los ojos.
El otro vampiro lo piensa mejor y no dice nada más del Halloween. Se queda unos momentos dando vueltas a la calabaza de plástico entre las manos y luego sale de la habitación, dejándolo solo.