La Familia


Poco antes de China


Darla se queda mirando a Spike y Drusilla, aprieta los labios. Siguen medio tumbados en el sofá de brocado verde, ella acariciándole el pelo, la cara delgada, Spike recostado, un poco encima de Dru, riendo los dos de tanto en tanto de alguna de sus tonterías privadas. En un momento dado puede escuchar que Drusilla tararea una cancioncilla, Spike ríe, la besa, le besa las manos. Darla a veces se siente tan vieja.
Se levanta, sintiendo ese malestar difuso en el estómago, esa inquietud que aprendió desde el principio a reconocer como las primeras señales del ansia. Hace días que no tiene una buena presa. Tanto tiempo desde que no se divierte alimentándose como hacía con Angelus
Lo intentó una vez, al poco de marcharse de su lado. Fue un desastre. Spike le rompió el cuello a la muchacha antes siquiera de haber empezado a hacerlo. Al poeta no le gusta jugar con la comida.
Sonríe, amargamente. Quién iba a decir con esas pintas que tiene que lo habían educado en Eton. 
Avanza hasta el sofá, una dama elegante, esbelta, impecablemente peinada, hermosísima en ese vestido de seda azul oscuro de falda drapeada.
-Vamos a salir-les dice, Drusilla la mira con sus ojos tan grandes, tan perdidos, Spike se incorpora un poco, saca las manos de debajo del vestido de la joven
-¿Tiene que ser ahora?-gruñe, Darla arquea una ceja, él masculla una palabrota, se incorpora-Joder, ¿por qué siempre tenemos que salir cuando tú quieres?
-No uses ese lenguaje conmigo-susurra Darla.
Espera impacientemente a que Spike y Drusilla se preparen. Antes todo era tan claro..y ahora esa confusión de sus ideas, tambaleándola, ese desasosiego. Darla tiene dentro el sonido de una tempestad, como de viento, y no consigue acallarlo. Por qué tiene que seguir cuidando a estos dos...críos inconscientes. A Drusilla...puede manejarla, y tolerarla, aunque a veces la ponga tan nerviosa con sus locuras y sus desvaríos y esa maldita manía de llamarla abuela. Por Dios, hasta a Angelus sabia cómo conducir a su capricho. Pero Spike...lo mira, de reojo, tan guapo con ese pelo castaño casi dorado y esos ojos, tiene unos ojos increíbles. Spike rebelde, violento, impredecible. Tan extraño...Y la locura que despertó en Angelus, abrasadora. Nunca nada lo había alejado tanto de su cama, salvo ese maldito poeta. 
A Darla siempre le queda  el Maestro, por supuesto. La voz de su salvación, la que le cantó aquella noche en la ventana. Siente deseos a veces de abandonar el mundo y marcharse con Él. Pero no sabe si el Maestro querrá a Drusilla. Y nunca le ha llevado a Spike. Ese...desastre. Cómo va a presentarle algo así.
Suspira hondo. Ese estúpido chico que impidió, con su voracidad y su violencia desmedida que salvara a su hombre. Nunca se lo ha dicho, no sabe por qué. Tampoco se lo ha perdonado, por supuesto.
Nunca ha dicho a nadie lo del alma.
Darla se pone distraídamente la aguja que le sujeta el sombrero, se alisa el vestido, segura de su belleza, se coloca bien el camafeo centrado en el escote. Spike se acerca, juguetea sacándoselo del sitio, Darla le da un manotazo.
-Estate quieto-gruñe, él no dice nada, la mira con esos ojos tan grandes, retira la mano, casi escondiéndola detrás. A Darla la desconcierta que haga esas cosas de criatura. Suspira, alza las manos y las lleva hacia su cara, Spike se encoge un poco, asustadizo, Darla le pone bien el cuello de la camisa, convirtiendo el gesto en una leve caricia y él le sonríe un poco, tentativamente.
-A dónde vamos-pregunta, Darla lo mira, de reojo.
-A dar una vuelta. He...visto una casa que me gusta. Viena está llena de mansiones lujosas...casi es difícil elegir.
-Ah-Spike encoge los hombros, la mira-¿Estás...bien?
Darla aprieta los labios, no lo mira. Deseando decirle que no, que está cansada, harta, encerrada con dos críos inconscientes que la hastían. Deseando decirle que lo echa de menos, deseando llorar como una niña.
-No es asunto tuyo-le gruñe, secamente.
Se remueve, impaciente, harta de esperar. Drusilla llega al fin, vestida de verde apagado y oro, seda crujiente, el pelo suelto derramándose por la espalda delgada. Parece tan joven.
-¿Nos llevas al parque?-pregunta
-No-dice Darla, echa a andar airadamente. Un momento antes de llegar a la puerta Spike se adelanta y se la abre. Darla se queda mirándolo mientras sale, una figura delgada con ese abrigo oscuro demasiado grande. Un abrigo de Angelus.




Es un trabajo fácil en esa ciudad cosmopolita y abierta, tan confiada. Darla se presenta con una excusa cualquiera, con su aspecto elegante y sus ojos verdes, una dama vestida ricamente. En cuanto la criada les franquea la entrada ellas se apartan un poco y dejan pasar a Spike y comienza la matanza. Spike entra transformado, sediento de sangre, rápido, violento, Darla camina elegantemente por la casa del brazo de Drusilla mientras Spike les abre paso a golpes y dentelladas de cuantos les salen al encuentro. Darla recorre la gran sala, admirando los paneles de madera oscura, los adornos de pan de oro, sonriendo a los críos, a las mujeres aterradas mientras Spike se ocupa del trabajo sucio de eliminar a los hombres, el señor de la casa, un anciano, dos muchachos jóvenes, los criados. Spike que no se detiene a mirar a las víctimas que deja caer a su paso con el cuello roto o desgarrado a dentelladas. Desaparece luego hacia abajo, gruñendo en voz baja como un animal carnicero, buscando. Darla sonríe levemente, suelta el brazo de Drusilla que mira los pequeños con codicia.
-Ve a jugar, querida-susurra, mientras oye gritos de terror, de muerte en las cocinas.
Drusilla sube por las escaleras de la mano de los niños, hacia el cuarto de juegos. Darla acaba con las escasas mujeres aterrorizadas casi como con descuido, se alimenta de la penúltima de ellas, la hija mayor posiblemente, sintiendo su frágil corazón aleteando bajo el corpiño, ese murmullo de mariposa nocturna contra su mano, hasta que se para. La última de las muchachas es hermosísima, un capullo de rosa, apenas trece años, rubia, delicada. Todavía ataviada con un vestido de encaje de niña. Darla suspira hondamente mientras le rompe el cuello, qué desperdicio. Angelus la habría disfrutado durante horas. Pero no puede contar con Spike para esa clase de juegos, el jodido chico las mata enseguida, con la misma dentellada feroz, salvaje que se emplea para el cuello fuerte de un hombre, es…un estúpido.
Spike sube al fin de las cocinas, ahíto y manchado de sangre, con evidentes signos de fuerte lucha, arañazos, magulladuras, la coleta mal sujeta.
-Había muchos-dice-Joder, para que coño querían tantos criados
A Darla siempre la fascina de un modo extraño cómo se comporta Spike. Su...desesperación. Su rabia. Spike que lucha y ataca como un animal. Lo mira y se siente de repente arder en ese fuego, como cuando era…tan joven, con el Maestro, como cuando Angelus la hacía sentir viva. Darla se acerca a Spike levantando el ruedo del vestido para no mancharlo al pasar por encima del cadáver de la dueña de la casa, lo mira, fijamente. Spike aún con su rostro de vampiro, respirando agitadamente. Con ese cuerpo delgado, duro, masculino, tan atractivo. Lo llama, en un susurro, él se acerca más. La atrae del talle contra su cuerpo, con brusquedad, y Darla hace que la folle ahí, contra el muro, en el salón repleto de cadáveres.
El condenado Spike está tan caliente, tan salvaje por la matanza que la hace gritar.

Darla recostada distraídamente en el sofá, en el mirador acristalado. Drusilla sigue enfrascada en un libro de arte, lleva horas mirando el mismo cuadro, dentro, paseando entre los árboles dibujados.
Spike entra en la estrecha sala, cojea al caminar. Se ha puesto los pantalones, va descalzo y  lleno de morados todavía. Darla lo mira, de reojo, mientras ríos de agua resbalan por los cristales emplomados, grises como el cielo gris, encapotado. Darla odia la lluvia.
-Hola-musita Spike, se sienta, trabajosamente, Darla retira un poco las piernas haciéndole sitio. Spike se queda mirando la lluvia, lleva un fuerte morado en la cara, los labios rotos. El brazo, también, todavía. Los hombres siempre metiéndose en problemas, sobre todo ése. Esta vez le han dado una buena paliza.
No le pregunta si está mejor. Tampoco ha estado velándolo por las noches, no es su hombre. Sólo…algo que utiliza, mientras decide qué hacer con su vida. O como se llame.
Llueve, y Darla está de un humor melancólico. Se siente cansada, se siente sola, piensa en volver a Londres. Pero no quiere… no quiere que Él le pregunte si ya se ha cansado de su aventura con ese buscavidas de Angelus.
Odia volver como la oveja al redil, ella que ha sido una reina entre los vampiros, la favorita del Maestro.
¿Lo es todavía?
Spike la mira, de reojo, mira su pecho firme, blanco, bien erguido por el apretado corpiño. Darla lo mira y sabe que se muere por recostarse en ella, por apoyar la mejilla contra su seno y que ella lo abrace y sentir la fragancia a violetas de su carne. Spike siempre ha necesitado esas tonterías.
Quizás Angelus lo habría recostado contra su pecho
Darla se cierra la bata, molesta. Spike baja la mirada, se abraza a su propio cuerpo, acurrucado en el sofá. Spike capaz de querer y de desear que lo quieran, y ese es todo el misterio que fascinaba a Angelus...ese que no lograba aprehender.
Y esa lucha sorda, continua que mantenían, ese pulso por el poder, soterrado, oculto...Darla podía sentirlo. Angelus arrastrándolo a los infiernos. El condenado chico enamorándolo. Haciéndolo sentir
Recuerda haber pensado que quizás debería matar al chico ella misma antes de que destruyera a su hombre, y al final lo destruyó ella, sin quererlo.
Está tan oscuro que Darla ni nota si ha anochecido.
-Tenemos que irnos-susurra Spike al fin, vocaliza de manera extraña por los labios partidos, Darla le ha oído ese tono de voz tantas veces-Esos tipos tienen amigos fuera de la ciudad
-Están...¿los has matado?
-A los cuatro
-Creía que habías perdido.
-¿Si lo hubiera hecho crees que me habrían dejado vivo?-gruñe Spike-Habría vuelto como montoncito de polvo por la ventana, a lo mejor
-Oh-Darla lo mira de reojo, sorprendida-Eran...unos vampiros viejos. Fuertes
-Bueno, yo también-dice Spike, Darla arquea las cejas y Spike se echa un poco atrás de su baladronada y baja la cabeza-Bueno, lo segundo
-Me gusta esta casa. No quiero marcharme todavía.-dice Darla, con ligereza- Ni siquiera hemos terminado de revisar los roperos.
-Pues no tenemos opción-susurra Spike, la mira con esos ojos rasgados, ahora grises por el reflejo del exterior nublado. Darla suspira, hondamente.
Recuerda habérselo dicho a Angelus en su propia casa, era tan joven…recuerda haberle acariciado la mejilla mientras él la miraba con esos ojos oscuros, serios, que aún no comprendían. El mismo amor infecta nuestros corazones…aunque ya no latan. El nunca entendió que hablaba por ella misma.
Darla descreída, hastiada, tan vieja...enamorada como una quinceañera.
Y realmente...debería marcharse. Ya no le apetece Viena. Y qué demonios hace ahí...¿esperar a que Angelus vuelva?
Mira de nuevo a Spike, delgado, cansado, Spike con los brazos en torno a su cuerpo como si tuviera frío.
-En un par de días tendré el brazo bien-dice él-Nos iremos entonces.
Una sombra en su mirada. Spike quizás harto de verse despreciado, intentando hacer valer su opinión. Mandar en la familia. Spike que ha acabado con cuatro vampiros de los duros, que ha vuelto a casa por su propio pie. Con un par de huesos rotos, deshecho de golpes, con dos cuchilladas, pero él solo, caminando.
¿Y si por un acaso Angelus vuelve por él? ¿Lo mantiene cerca también por eso? ¿Conservar a la...querida a su lado por si el amo vuelve por ella? ¿Se ha rebajado tanto?
Darla disimula una sonrisa triste.
-Crees que has ocupado el lugar de Angelus, muchacho-le susurra, Spike aprieta los labios.
-Angelus se largó ¿recuerdas? Te dejó plantada
Darla le da un bofetón, no muy fuerte.
-A ti también-le dice, Spike baja la cabeza, no dice nada. Darla recuerda las palizas que le daba Angelus, tan brutales que lo baldaban durante semanas. Willy resultó ser un chico duro, pese a esa carita delgada y esos ojos azules, tan inocentes. Se pregunta si queda algo de la inocencia de Spike. No lo cree.
-Está bien-claudica al fin-De todos modos me he cansado de esta ciudad.
Spike la mira un momento, a los ojos, y Darla se siente de repente…avergonzada. Como si él pudiera leer lo que ocurre dentro de su cabeza. Las dudas, el desasosiego, el miedo. La soledad. Saber de todos esos sentimientos que la confunden deshaciéndola. Vuelve la cara y sigue mirando por el ventanal pensando en marcharse lejos. A algún sitio, lejos, lo más lejos que pueda. Drusilla se levanta, deja el libro en el mueble. Al hacerlo un volumen cae de la estantería abriéndose sobre la gruesa alfombra a los pies de Darla.
-Fuego-susurra Dru, sonríe, excitada-Todo está rojo
Dibujos de porcelanas blancas y azules, abigarradas. Pájaros y dragones en el cielo.
China, decide Darla prosaicamente. A Spike le gustará, le gustan los sitios nuevos y lo único que conoce de ese lugar son los malditos fumaderos de opio que recorría en Londres. A Dru le dará lo mismo, ella siempre está en el mismo lugar, vayan donde vayan. Y China está lo bastante lejos de todo para Darla,  lejos de los recuerdos, lejos de la tentación de volver a casa, con el Maestro. Lejos de donde quiera que esté Angelus.
Darla es una superviviente, una experta en dejarlo todo atrás, en seguir adelante. Lo aprendió hace mucho tiempo, cuando todavía era humana. Nunca le ha hecho falta nadie. Ni siquiera él.
Puede dejarlo atrás con sólo cambiarse de sombrero.
Sigue observando la lluvia, en el mirador.
Por qué no lo consigue.