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Warning: angst
La apuesta
Un tiempo indeterminado en el futuro.
Angel roza con los dedos su copa, no la coge. Plenamente consciente de
los olores intensos del lugar, incienso, madera quemada, sangre, humo,
magia. Oscuridad, susurros tras de cada cortina de cuentas que se mueve
levemente como por la brisa. Angel recostado en el asiento, frente a la
pequeña mesa. El brujo, quizás humano en origen, lo
estudia con sus ojos negros como cuentas. Ojos demoníacos,
transformados hace mucho tiempo.
-Seguro que podemos llegar a un acuerdo-dice, apenas moviendo los
labios resecos-Mis clientes se están poniendo...un tanto
nerviosos contigo en la ciudad. Hay muchos lugares en el mundo,
¿no hay otro donde quisieras estar?
Angel lo mira, un momento.
-No-susurra
-Hay tanta...maldad aquí, ¿verdad? Las criaturas como
tú se ven atraídas por su fulgor...pero hay maldad en
otros lugares.
-No.
El brujo mira por encima del hombro fuerte de Angel, luego a su
derecha. Una sombra apenas tangible cruza la sala, y desaparece tras
una de las cortinas, atravesándola. Un goul aun no
corpóreo, invocado en alguno de los cuartos donde se celebran
los rituales.
-Al menos todos nos sentiríamos más relajados si dejases de matar a mis clientes-dice el demonio, con sequedad
-Es mi trabajo
-¿No te gustaría...otro? Puedo proporcionarte otro.
-No
El brujo suspira hondamente, bebe un sorbo de su copa. Angel lo imita, apenas mojándose los labios.
-Qué podría ofrecerte...Angelus-susurra el brujo, sus
dientes son menudos, agudos, como los de un animal
insectívoro-Qué podría ofrecerte yo que no hayas
apurado hasta la saciedad. Placeres, riquezas, poder...quizás un
poco de paz...Puedo darte lo que quieras, dentro de unos límites
muy amplios-dice el brujo. Angel lo estudia de nuevo, su caftán
de tonos verdes irisados, oscuros, sus cabellos ralos blancos. Voz
susurrante, tranquilizadora. Quizás un conjuro de control mental
menor. Ese brillo en los ojos.
-No quiero nada-dice Angel
-Todos queremos algo-en brujo entrecierra los ojos, lo mira largo rato,
con intensidad. Angel no se molesta en intentar evitarlo, sabe que es
capaz de leer casi todo lo que hay en su corazón. Se pregunta
nebulosamente si acaso el brujo no sabe de sobra que él hace
mucho que está muerto por dentro. Que no le importa nada.
-Un corazón cansado-dice el brujo, haciendo eco de los pensamientos de Angel.
-Es sólo decorativo-gruñe Angel-Soy un vampiro
Pasan unos minutos en silencio, luego el brujo comenta algo
intrascendente del clima, de la dimensión, de lo difícil
que es conseguir ingredientes esotéricos de calidad con tanta
gente haciendo magia. Parecería que el mundo va a acabarse,
ríe secamente, tanta gente haciendo magia. Preludios a una
oferta en serio, adivina Angel, que espera, inmutable, rozando de nuevo
la copa con los labios. El brujo ríe de nuevo, cloqueando, luego
se inclina un poco hacia él sobre la pequeña mesa, muy
serio.
-Puedo...traerlo de vuelta-susurra.
Angel no pude evitar sobresaltarse, cerrar los ojos un momento. Luego
mira al brujo. ¿Es eso cierto? Puede...traer de vuelta a Spike?
Podría...tenerlo a su lado, de nuevo?
-Tú mismo has regresado-dice el brujo-Y no eres el primero.
Volver es difícil, pero yo puedo hacerlo. ¿Quieres que te
lo traiga?
Angel abre los labios para decir algo, no lo hace. La voz susurrante
del brujo sube entre el incienso como bruma mientras sigue hablando,
ofreciendo su trato
-Puedes irte con él esta misma noche. Salir los dos por esa puerta, marcharos lejos de esta ciudad.
Angel se obliga a coger la copa, odiándose por ese temblor leve, delator de la mano que no se le escapa el anciano brujo.
-Piénsalo-susurra, invitadoramente, mientras se recuesta en su
sillón. Angel bebe un trago del licor suave, leve calor en la
boca, en la garganta. Hace mucho tiempo que no siente calor.
Y se pregunta de nuevo si podría hacerlo, pedirlo, conseguirlo.
Si podría tener a su chico de nuevo, a su lado. Dios, en su cama
de nuevo, para siempre. Recuerda vívidamente sus ojos, azules,
rasgados, mirándolo a él. La luz de su mirada. El tacto
de su pelo, el de su carne, el sabor dulce de su lengua. Recorrer con
los dedos cada ángulo e su rostro. Sentir sus brazos en torno al
cuello, follarlo toda la noche, ese gemido de gato contra su boca.
Sentirlo tan suyo.
Aprieta los labios, intentando no traslucir ninguna emoción.
Buffy regresó...arrancada del cielo por la magia de Osiris.
Él mismo regresó del infierno de tortura en el que se
hallaba. Angel cierra los ojos, los abre. Ya no tiene consideraciones
morales acerca del bien y el mal, si es que las tuvo alguna vez. Irse
de esa ciudad o quedarse carece de importancia implícita para
él. Dejar que ese brujo marchito, poderoso siga causando dolor y
muerte lo deja absolutamente frío. Hay brujos y muerte en otros
lugares. Quizás no quiere irse por pura cabezonería
irlandesa. Pero eso también pude hacerlo a un lado.
En realidad, comprende súbitamente, se trata de apostar.
Bebe de nuevo, un último sorbo, deja la copa. El brujo le
sonríe levemente, una sonrisa de suficiencia que enerva a Angel.
Se inclina hacia el brujo, haciendo crujir el abrigo tres cuartos de
cuero con el movimiento.
-No-susurra
-¿No?-sisea el bujo, abriendo los ojos con sorpresa-¿Te
ofrezco sacar a tu...compañero del fuego, del dolor eterno y me
dices que no?
Angel se levanta, despacio. Movimientos rápidos tras las cortinas, demonios y servidores, atentos a lo que pueda hacer.
-Él no está en el infierno-susurra, y casi a la vez
desenfunda el cuchillo. El brujo se levanta, increíblemente
ágil para alguien de aspecto tan viejo, lo señala
acusadoramente con el dedo.
-¡Vas a morir aquí...!-le grita, y no llega a terminar la
frase, decapitado por un tajo salvaje, apenas visible en su rapidez.
Angel se gira para abrirse camino entre los servidores del demonio que
llegan hacia él enfurecidos. Durante los minutos siguientes sabe
que debería concentrarse en cortar, esquivar, girarse y golpear,
en matar y destrozar, pero es su cuerpo, mecánicamente, el que
acaba el trabajo. El no pude dejar de pensar en William. En que le dijo
hace mucho tiempo que no había esperanza, que a los dos les
aguardaba lo mismo, al final. En lo que ha rechazado esa noche. Una
apuesta arriesgada, quizás. O un acto de fe. Una maldita
corazonada. A Angel no le importa. Su William no puede estar en el
infierno.
Encaja los golpes sin un gesto, devolviéndolos de inmediato, con
precisión, hasta que el último de los demonios yace en el
suelo desangrándose. Luego se queda mirando el charco de sangre
que llega despacio a sus zapatos. No se aparta.
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