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Esas cosas nuevas


 
Están Aprendiendo de cero, realmente, en tantas cosas, y a Angel le da lo mismo que suene...cursi, o edulcorado. Esas veces en que Spike lo derrite, cuando lo llama daddy como sin darse cuenta, sin resquemores, sin doble intención, con esa naturalidad de crío pequeño. Cuando Angel se vuelve y Spike lo está mirando y NO baja enseguida la mirada sino que primero le sonríe y Angel siente que se deshace por dentro. Cuando se echa un poco contra él y apoya la cabeza en su hombro. Cuando hace eso y no lo mira inseguro de si va a echarlo. Cuando Angel lo folla y le susurra mi chico y él no dice que no lo es y se entrega y se corre con ese maullido de gato, Angel se deshace hasta los huesos cuando lo siente tan suyo.
Y quizás ya ha visto antes todas esas cosas, cuando los dos...cuando él no tenía alma. En Londres, en China, en san Petersburgo. En el jodido infierno en el que vivían, Spike acostumbrado, él cómodo, incluso ahí puede que todas esas cosas existieran pero eran...escasas. Angel despreciaba esos signos de extraña humanidad, ese algo brillante dentro de Spike que despuntaba al exterior en una inesperada mirada límpida, en una sonrisa casi inocente que se veía urgido a someter rápidamente, con un insulto, un golpe, con una despiadada humillación.
Quizás es que le aterraba.
Por eso ahora se maravilla como si todo fuera nuevo. No, joder se maravilla porque es maravilloso. Susurrarle mi niño y que le eche los brazos al cuello. Estrecharlo, tan delgado contra su pecho enorme. Despertarse con su cuerpo sobre la espalda, su cara contra la nuca. Dedos entrelazados en los suyos. Verlo frotarse los ojos adormilado, cálido por el sueño. Que le ponga el café y Spike le susurre gracias en voz baja. Que le sonría. Que no tenga miedo de sonreírle. Sus sonrisas siempre han sido las más hermosas del mundo, incluso cuando no tenia alma y ahora que la tiene son...son...
Sí, de acuerdo, suena gilipollas en grado extremo. Pero a Angel no podría importarle menos.