Drusilla esperando a Spike


Sunnydale
 
Drusilla espera, espera, espera más. Entre las brumas de su locura, la sangre, y ocasionales momentos de lucidez que la hacen preguntarse por qué está ahí, qué habrá pasado, dónde está él. Drusilla realmente no puede creer que esta vez él no venga a buscarla. Lo espera, un poco más. Y otro poco. Meses en los que revolotea de un amante a otro, de una familia a otra, y luego sola. Luego ocurre un milagro, algo que tambalea todo el mundo oscuro de Drusilla: Darla regresa.
Regresa como humana, mientras ella sigue esperando que vuelva Spike. Conducida por esos hombres malvados, débiles, Drusilla le muerde. Darla regresa a ella por completo y Drusilla es tan feliz al lado de su abuela.
Intentan hacer que vuelva Angelus...Angelus que vuelve a tener alma. Qué extraño es todo a veces, tanto que le parece más seguro refugiarse en su locura, más confortable. En su mundo de locura y de recuerdos Angelus no les pende fuego tirando un cigarrillo a la gasolina. No las mira con esos ojos fríos mientras el fuego las abrasa y el dolor la vuelve loca.
Angelus no quiere regresar a la familia, todo es inútil. Darla incluso se acuesta con él, pero no lo consigue. Se decide a jugar su última carta para conseguir que Angelus vuelva con ellas...esa que Drusilla sabe que la humilla y le duele tanto. Darla decide traer al chico de Angelus.
En el devenir de esas noches extrañas, llenas de incertidumbre, rabia y pequeñas glorias y matanzas, Drusilla se da cuenta de que casi había olvidado que estaba esperando a Spike. No le gusta cuando se le dice a Darla, y ella la mira casi con tristeza y le susurra Spike no vendrá esta vez, pequeña.
Drusilla espera aún un poco más, otro poquito, y luego parte hacia Sunnydale. Esa horrible, pequeña ciudad de donde se la llevó su hermoso poeta loco de amor, inconsciente en ese viejo coche. La última ciudad donde hizo el amor con Angelus.
Pude sentir por qué él no ha ido a buscarla esta vez. Le ha ocurrido algo. Spike está cambiado, tanto que Dru apenas lo reconoce. Cerrando los ojos puede ver que le han metido mentiras eléctricas en la cabeza. Dolor por inducción nerviosa, dolor cuando trata de alimentarse. Pobre, pobre Spike.
Sabedora del poder oscuro que siempre ha ejercido sobre él, confía en salvarlo, en llevarlo con ella, en llevárselo a Darla. A Angelus. Volver a ser una familia.
Drusilla lo engatusa, zalamera, le susurra, le dice lo que tanto le gusta oír, Spike es un chico muy malo. Lo empuja a la cama, en esa cripta y lo cabalga durante horas, reencontrándolo, haciéndolo sentir, disfrutándolo, entregándose a él, su William tan hermoso bajo ella, jadeando, cerrando los ojos, dejándose ir en su cuerpo, como tantas tantas veces, como siempre. Como la primera vez.
Luego lo lleva de caza, para rematar su hechizo. Spike no se ha alimentado desde hace muchos meses. Entran en ese local lleno de presas, bailan un poco, ella sabe que está muy hambriento y no quiere hacerlo esperar y enseguida, desde la pista de baile donde Spike se mueve como un gato contra ella, localiza una pareja, algo apartada del bullicio. Drusilla sube las escaleras triunfante, sabiendo que ya lo tiene. Rompe el cuello a la muchacha y se la entrega.
Y entonces ocurre algo que la sorprende. Spike no quiere morderle. No lo dice, no lo piensa quizás, incluso quizás no se da cuenta mientras la mira con esos ojos aterrados, húmedos de lágrimas. El no lo sabe pero no quiere morderle y Drusilla tiene que alentarlo con sus gestos, con sus miradas para que coma.
Spike se rinde a su hambre al fin y Drusilla lo mira morder el tierno cuello moviendo la cabeza con esos movimientos bruscos, carniceros de los perros hambrientos. Bebe de la muchacha hasta saciarse. Ella de su presa, el varón. Luego los dejan ahí, en el suelo y bajan las escaleras.
Regresan a la cripta. Spike puede que haya liberado su cabeza, pero sigue teniendo el corazón prisionero de ensueños extraños. Sigue obsesionado con esa cazadora menuda, Buffy Summers. Drusilla, clarividente, puede sentir su presencia dentro de Spike. Se da cuenta de que incluso puede oler su presencia alrededor, en la polvorienta cripta.
Vuelve a hacerlo con Spike, empujándolo de nuevo a la cama deshecha. Aun están besándose cuando escucha que llega la cazadora. Spike se pone bien la ropa, sube del sótano donde se habían escondido.
Y entonces ocurre una catástrofe. Spike le ataca. No por celos, por rabia, por haber discutido. Ni siquiera porque no quiere dejarse arrastrar hacia Angelus de nuevo.
Le ataca por ella.
En las horas que siguen, excitantes, oscuras, inciertas, confusas, Drusilla asiste a la locura de amor de Spike por alguien que ya no es ella. Incrédula, intentando soltarse, intentando atacar a Buffy. No abandona aún su propósito de llevárselo, ni mientras Spike la ata frente a la cazadora. Ríe, cuando escucha que Buffy no pueda creer que él la ama. Criatura ignorante, demasiado joven, que nada sabe del amor. Drusilla sí sabe, y conoce a Spike, y se da cuenta dolorida de que lo ha perdido para siempre.
Seria, triste, callada, Drusilla huye de Sunnydale. Mientras lo esperaba como tantas otras veces, nunca imaginó que Spike no iría a buscarla. Nunca que se encontrarían y ella tendría que irse con los brazos vacíos.
Sale por los túneles, caminando deprisa, alterada, nerviosa, en busca de Darla. Angelus se ha perdido para ellas por esa alma, pero Spike se ha perdido por amor, y Drusilla, que sabe de estas cosas,  puede sentir que nunca volverá a verlo.